Hay algo que he aprendido después de más de veinte años dentro del mundo empresarial: cuando estás demasiado dentro del negocio, es muy difícil verlo con perspectiva.
Empecé en un puesto administrativo y terminé dirigiendo una de las empresas del grupo. Después emprendí mi propio negocio. Viví el crecimiento, la consolidación, y también viví el tener que cerrarlo, así que sé lo que pesa esa decisión, y sé que no dice nada sobre lo capaz que eres.
Cada etapa me enseñó algo diferente. Pero la lección más valiosa fue esta: las decisiones más importantes rara vez se toman por falta de capacidad. Se retrasan porque estamos demasiado ocupadas resolviendo el día a día como para ganar perspectiva.
Yo lo llamo elevar el dron.
Alejarse lo suficiente para entender qué está pasando realmente, distinguir lo importante de lo urgente y volver a tomar el control del negocio.
Eso es lo que hago hoy con las empresarias con las que trabajo.
No les digo cómo tienen que dirigir su empresa. Trabajo con ellas para que la vean con más claridad, tomen mejores decisiones y construyan un negocio rentable, ordenado y sostenible.